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ES MEJOR ARDER QUE DESVANECERSE. Charly García, vida, música y tormentas

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"Vida privada me suena a privación de vida. Me encanta mi vida pública. ¿La intimidad? Cuando estoy cagando en el baño" CHARLY GARCÍA. Enero, 1997. En su hogar. E n la época de la guerra de las Malvinas en Argentina con todo el asunto de que los Beatles estaban vetados, no se podía tocar música en ingles ni ninguna canción debería de tocar temas referentes a los conflictos bélicos, todos habían aprendido a leer entre líneas, porque Charly hablaba en voz alta pero a media luz para no terminar en el fondo de una fosa común como muchos de sus conocidos. Tocaba para el público, ahora lo hace para él mismo, ésa es la diferencia fundamental entre el Charly de masas de mediados de los ochenta y el segmentado, egocéntrico músico de la actualidad. Hoy Charly compone para Charly, son pocos los que pueden seguirle el paso. Digamos que aún no se sobrepone de su fase de "Demasiado ego". Influencia es el primer paso para la reconciliación con la gente, con aquella relación de amo...

EL DETECTIVE INMORTAL. Un perfil de Roberto Bolaño.

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Y así fue como encaró a la muerte, fiel a su estilo: corriendo contra el tiempo, noche tras noche, en una escritura frenética y desarticulada, buscando desesperadamente la página final de su novela 2666 -tan genial como voluminosa- que no pudo alcanzar aquel amanecer ibérico del martes 15 de julio de 2003. Igual Roberto, tan sabio y contestatario, le esbozó una sarcástica sonrisa de la muerte, pues ya había cambiado –y para siempre- el rumbo de la literatura latinoamericana, antes de la última respiración de su vida. E n alguna noche nebulosa de invierno gris limeño en el 1974 de dictadura militar de izquierda y primavera socialista, un joven Roberto Bolaño de paso por Lima en uno de sus tantos viajes por el mundo, enjuto y disléxico, con su mochila azul en ristre, anteojos de enorme marco y cigarrillo entre los dedos, habría de confesarle, en el desaparecido chifa Wonny del centro de Lima, a los poetas peruanos y dipsómanos de Hora Zero –Jorge Pimentel, Tulio Mora, Eloy Jáuregui, Enri...

DEL CLÓSET AL ATAÚD La devoción por Sarita Colonia de Giovanni, un joven gay con VIH.

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Sarita Colonia es para la Iglesia Católica lo que un gay infectado con VIH para el Perú: aberración social, la analogía más soterrada del lumpen. Dentro de aquel túnel desolador, Giovanni se aferra a Sarita a la espera de la muerte, blindado con esa fe marginal que lo protege de la desesperanza. E sta historia comienza, como corresponde, con una tormenta. Una tormenta de palabras afiladas, una discusión tempestuosa, un clamor, un ruego, llanto. Incómodos silencios. Su madre odiándolo. Así recuerda Giovanni la noche en que “salió del clóset”. Nos encontramos conversando en el Cementerio Baquíjano y Carrillo del Callao, compuesto en base a niveles socioeconómicos y jerarquías sociales, como una maqueta a gran escala de la ciudad. La entrada es celestial. Ángeles renacentistas, mausoleos románicos, helénicos y con suaves tendencias góticas se asemejan mucho a los del Presbítero Maestro. Luego, el descenso en degradé a los infiernos. Los pabellones están colocados contiguamente como fichas...

José Saramago, Lisboa y el mundo.

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EL RETORNO DEL ESCRIBA En 1992 el gobierno portugués vetó El Evangelio Según Jesucristo, por considerar que era una novela diabólica que penetraba en las heridas más sangrantes de la Iglesia Católica como uno de los clavos que cercenaron la carne del hijo de Dios. Entonces un paciente José Saramago se instaló en España a la espera de que el tiempo le hiciera entender a los políticos que las ficciones nunca, ni siquiera las mejores, pueden convertirse en realidad. Ya de regreso en Lisboa después de hacer las paces con su patria, el Nóbel de Literatura vuelve sobre sus pasos por las solariegas calles que han impregnado su obra, las mismas calles donde conoció a su maestro, el mítico poeta Fernando Pessoa. ¿Por qué no cree en Dios, Don José? No soy creyente, pero es que ni entiendo cómo alguien puede creer en Dios. Es muy difícil, con los avances científicos actuales... ¿Cómo se imagina entonces el momento de su final? Cuando llegue mi hora entraré en la nada, me disolveré en átomos, y ya...